Pbro. José Carlos Chávez
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15 de julio de 2025
¡Justicia hídrica! Un clamor de la tierra y de los pobres Copy

El agua no es mercancía de intercambio sino derecho y patrimonio de todos
- Papa Francisco
Basta con mirar con honestidad la realidad que nos rodea: sí, nos estamos quedando sin agua. El avance de la desertificación es global. La sequía, la degradación del suelo y la escasez de agua potable afectan ya a millones. Como bien dice el Papa Francisco: “los desiertos exteriores se multiplican en el mundo porque se han extendido los desiertos interiores".
El mar de Aral, que fue uno de los lagos más grandes del planeta, es hoy prácticamente un desierto. Las aguas de los océanos se han transformado en vertederos de basura y plásticos: en pocos años, podría haber más plásticos que peces en el mar. Las cuencas de los ríos urbanos, los lagos y los lagunas están siendo contaminadas por detergentes, productos químicos y residuos industriales. La revolución industrial del siglo XIX marcó un antes y un después: el hábito no solo de gastar agua, sino de contaminarla, alcanzó niveles inauditos.
Mientras tanto, algunos todavía niegan la crisis hídrica. Sin embargo, la hermana tierra clama por el daño que le hemos causado: “Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla”2. La enfermedad que advertimos en el agua, el aire y el suelo es reflejo del pecado que habita en el corazón humano.
Parte del problema es educativo y cultural: no existe suficiente conciencia sobre la gravedad de estas conductas, en un contexto además marcado por la gran inequidad. No podemos permitirnos ser indiferentes a este clamor. La crisis climática y la crisis hídrica son enfermedades silenciosas que amenazan la vida misma.
Sin agua no hay vida digna ni justicia social
El acceso al agua es condición necesaria para ejercer otros derechos humanos fundamentales: vida, alimentación, salud, educación, vivienda, trabajo y protección contra tratos crueles e inhumanos.
Donde hay agua, florecen el desarrollo, la dignidad y la paz; donde falta, proliferan la pobreza, los conflictos y la violencia. Con tristeza constatamos que donde falta el agua, abundan las armas. Por ello, el agua es un tema de dignidad para los más empobrecidos.
Tenemos una deuda social grave con los pobres que carecen de acceso al agua potable. Negarles el agua es negarles el derecho a la vida, atentando contra su dignidad inalienable.
La visión profética del Papa Francisco sobre la crisis hídrica
El Papa Francisco prevé que el control del agua por grandes corporaciones será una de las principales causas de conflictos en este siglo. Hoy vemos cómo avanza la privatización del agua, tratándola como mercancía regulada por las leyes del mercado.
Pero para el creyente, el agua no es una mercancía. Es un don de Dios, fuente de vida y salud, y un símbolo universal. En vez de considerarla como un regalo precioso de Dios, la hemos convertido en moneda de cambio.
La lógica del mercado, que ve en el agua solo un “recurso” o “activo financiero”, reduce nuestra casa común a un stock de materias primas y cosifica incluso a las personas. Frente a esto, laudato Si nos recuerda que «todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde.»
Más que estrategias: se necesitan convicciones
Existen múltiples planes técnicos para revertir el daño. Pero lo que falta no son planes, sino convicciones. Para cambiar nuestros hábitos debemos cambiar primero el corazón.
En el campo político, es urgente combatir la corrupción que permite la sobreexplotación de acuíferos, la contaminación de ríos, y la destrucción de zonas de recarga. Sin justicia hídrica, no habrá paz social.
En el ámbito económico, hay que denunciar el modelo voraz de “maximización de ganancias” a costa de la sostenibilidad. “¿Podemos llamar progreso a un modelo que agota el agua y no deja un mundo mejor?”6. Es necesario aceptar cierto decrecimiento responsable en algunas regiones del mundo.
En la sociedad, debemos reconocer que gran parte del agua que consumimos está oculta en cada alimento, prenda y servicio que usamos. Nuestra huella hídrica revela que el consumo desenfrenado de bienes implica el consumo desenfrenado de agua.
Doctrina Social de la Iglesia para custodiar el agua
La Doctrina Social de la Iglesia ofrece sólidos principios de reflexión que podemos aplicar como sociedad en el desbalance hidrico predominante:
El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, indispensable para la dignidad de toda persona humana.
El agua tiene un destino universal; su posesión solo es legítima cuando se administra en beneficio de todos.
El agua debe ser gestionada conforme al principio del bien común, de modo que todos los sectores que hacen uso de ella garanticen condiciones de desarrollo y de paz, sin excluir a nadie.
Frente a la crisis hidrica, es necesaria una participación local de redes comunitarias y solidarias que promuevan el desarrollo sostenible y la custodia de nuestra Casa Común.
Por último, el Evangelio nos inspira: “Tuve sed y me disteis de beber” (Mt 25, 35). La conversión ecológica que el Papa Francisco propone implica una transformación profunda del corazón, de los hábitos personales, y de las estructuras sociales.
Para alcanzar justicia hídrica, no basta con cambiar leyes o tecnologías: debemos cambiar de mentalidad. Solo así lograremos que el clamor de la hermana agua se transforme en un canto de vida para todos.
Próximamente, mi libro Justicia Hídrica: Escasez de agua a la luz de Laudato Si’ estará a la venta en las principales librerías de Buena Prensa.