Pbro. José Carlos Chávez
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24 de octubre de 2025
Del obrero de la Rerum Novarum a la Rerum Digitalium

Han transcurrido ya 134 años desde la publicación de la encíclica Rerum Novarum, con la cual el Papa León XIII inauguró el camino de la Doctrina Social de la Iglesia en el contexto de la revolución industrial. Desde entonces, diversos pontífices han enriquecido este magisterio con nuevos aportes, enfrentando los desafíos de cada época. Hoy, en plena continuidad con esta tradición, el Papa León XIV asume dicho legado y lo proyecta hacia el horizonte de la revolución digital, una transformación que, al igual que en el siglo XIX, compromete profundamente la dignidad del trabajo humano, la justicia social y la búsqueda del bien común.
La decisión de asumir el nombre de León XIV no es un gesto menor: expresa un compromiso explícito con la herencia doctrinal iniciada por el Papa Pecci, ahora reinterpretada a la luz de los profundos desafíos que plantea la inteligencia artificial. Así como la Iglesia supo discernir en su tiempo los efectos de la industrialización sobre las masas trabajadoras, hoy se hace necesario interpretar los signos de nuestra época para elaborar una auténtica Rerum digitalium. Este nuevo capítulo de la cuestión social exige un discernimiento ético, espiritual y cultural que coloque nuevamente en el centro a la persona humana, especialmente a los más vulnerables, cuyos derechos y dignidad se ven con frecuencia ultrajados en el nuevo orden informático.
Vivimos inmersos en una cultura marcada por el exceso de información, pero carente de sabiduría (FT 47). La comunicación, en lugar de tender puentes, con frecuencia suele convertirse en instrumento de confrontación: se simplifican los mensajes, se manipulan las emociones, se difunden datos falsos, deformados, verdades a medias. En este clima, la verdad cede ante la utilidad y la caridad es desplazada por la competencia. Frente a este panorama, se impone el reto urgente de “desarmar” la comunicación, de purificarla de toda agresividad, de sanear los canales del diálogo público y recuperar su vocación originaria: construir comunión.
En esta época fascinante y, a la vez, amenazante; rica en tecnología, pero empobrecida en humanidad, sólo la sabiduría podrá guiar el uso ético y humanizante de los avances digitales. No basta con acumular datos: es necesario formar corazones capaces de discernir. La sabiduría del corazón es el don que más necesita nuestra generación. Como enseña la Escritura, no se trata de una sabiduría técnica, sino de un saber que se deja encontrar por quien la ama (cf. Sab 6,12-16), y que sólo puede brotar del encuentro con el Misterio Pascual de Jesucristo.
Por ello, la Doctrina Social de la Iglesia no es un cuerpo doctrinal estático, sino un camino de discernimiento en constante diálogo con la historia. En esta travesía, los creyentes están llamados a ser agentes responsables, creativos, y proféticos, capaces de orientar la tecnología hacia el bien común, la justicia, la solidaridad y la comunión con Dios. Así como en el pasado la Iglesia iluminó los dilemas sociales de la industrialización, hoy tiene la tarea profética de ofrecer luz en medio de los dilemas éticos de la era digital. Porque lo que medirá nuestra humanidad no será la cantidad de datos acumulados, sino el grado de caridad.