Pbro. José Carlos Chávez
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3 de diciembre de 2025
El adviento del Black Friday

Acabamos de “celebrar” el Black Friday, que aunado con el Buen Fin se prolongo en una semana un Black Week lo cual nos enfrenta a la posibilidad de una Black Life, una existencia modelada por el culto al consumo sin límite. Esta nueva religión global no requiere fe ni conversión: basta con comprar. Aunque seamos pobres en capital o en estabilidad laboral, en el consumo podemos aparentar riqueza: los mismos automóviles, los mismos sofás, las mismas vacaciones. Esta ilusión de bienestar, alimentada por préstamos fáciles y nos mantiene en un estado de gratificación constante, pero vacío.
El fenómeno del Black Friday ya es una de las más solemnes celebraciones de esta religión capitalista. Cada año la fiesta es más imponente, con nuevos adeptos que se suman al rito de los descuentos amplios y las filas interminables. Este calendario litúrgico del mercado posee sus propias solemnidades: Hot Sale, Julio Regalado, Amazon Prime Day, Venta Nocturna, Buen Fin, Black Friday, Cyber Monday. El mercado, erigido como deidad suprema, ordena los tiempos: cuándo se deben hacer rebajas y cuándo es propicio comprar. El consumidor ya no decide, sino que obedece.
Esta lógica fue advertida proféticamente por san Juan Pablo II. En Sollicitudo rei socialis denunció que la excesiva disponibilidad de toda clase de bienes materiales para algunas categorías sociales, fácilmente nos hace esclavos de la « posesión » y del goce inmediato, sin otro horizonte que la multiplicación o la continua sustitución de los objetos que se poseen por otros todavía más perfectos. Es la llamada civilización del « consumo » o consumismo, que comporta tantos « desechos » o « basuras ». Un objeto poseído, y ya superado por otro más perfecto, es descartado simplemente, sin tener en cuenta su posible valor permanente para uno mismo o para otro ser humano más pobre.”
Aún así asistimos a un entusiasmo creciente por el Black Friday, ¿Cuántos cristianos habrian hecho objeción de conciencia ante este nuevo culto? ¿Cuántos comercios, librerías o centros católicos decidieron no participar? La respuesta, lamentablemente, es casi nula. Por el contrario, como borregas sin pensamiento critico, celebramos estas nuevas "liturgias paganas", que prometen satisfacción inmediata a sus fieles mediante precios rebajados en los días y modos que el imperio del consumo establece.
El consumidor complacido termina así por legitimar y perpetuar el sistema. Quien no aprovecha la rebaja se sentirá culpable y torpe; ese sentimiento de culpa es el pecado grave de la religión consumista. Sin embargo no hay examen de conciencia por el daño ambiental (Co2, tráfico, cierre de pequeños negocios locales, monopolios, etc).
En este adviento inicie la lectura del libro "El espíritu de la esperanza", qeu por cierto les recomiendo de ByungChul Han, quien dice que los consumidores no tienen esperanzas porque lo único que tienen son deseos y necesidades, porque han absolutizado tanto el consumo que el tiempo se reduce al presente permanente de las necesidades y las satisfacciones. La palabra esperanza no pertenece al vocabulario capitalista. Quien tiene esperanza no consume.
La religión consumista ha llegado, su adventus es total, pero sin la esperanza del profeta Isaias, ni la sobriedad de Juan Bautista, ni la ternura de Maria. En realidad en el consumismo no hay esperanza, sólo consumo inmediato.